El arco y las bóvedas
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2026
Pabellón en la plazoleta del monasterio del Carmen Alto en Quito
Trabajo realizado junto a Vanessa Yépez, Andrea Campos y Renato Cevallos


El lugar
La propuesta de pabellón se ubica en la plaza de acceso al monasterio del Carmen Alto. Este lugar, en el siglo XVII, fue la casa de Mariana de Jesús (1618-1645), quien fue canonizada luego, por el Papa Pío XII en 1950. Ocho años después del fallecimiento de Mariana de Jesús, se dona su casa a la Orden de las Carmelitas Descalzas, y de 1656 a 1657 se construyó la Iglesia.
Teresa de Ávila (Santa Teresa de Jesús), fue la madre reformadora de la Orden Carmelita, ella cambió el nombre de Carmelitas Calzas a Descalzas, símbolo de desprendimiento material, por lo que originalmente usaban sandalias en vez de zapatos. El convento tiene la categoría de monasterio, ya que alberga a las Carmelitas Descalzas, que hacen un voto de claustro que, una vez tomados sus hábitos, les impide tener contacto con el exterior del convento.
La separación entre el interior del convento y el exterior de la ciudad se marca de manera real y simbólica con la construcción del “Arco de la Reina” en el siglo XVIII, un elemento urbano que no interrumpe el trazado de la ciudad, pero a la vez, mantiene la clausura del convento como sistema espacial cerrado que debe funcionar sin exponerse. La separación de la vida religiosa con respecto a la vida mundana se manifiesta en la progresiva compartimentación espacial que va desde lo urbano con el “Arco de la Reina” hasta llegar a elementos arquitectónicos como la “Puerta Reglar” ubicada al ingreso del convento donde una escultura de Cristo recibía a las monjas cuando iniciaban su vida religiosa que, de acuerdo con un voto de fe, les impide salir del convento.
En la actualidad, la “Puerta Reglar” recibe también turistas, pues, los dos claustros más antiguos de todo el convento se adaptaron para que funcionen como museo, el cual está abierto al público desde el 2013 y tiene como finalidad mostrar el patrimonio artístico, histórico y espiritual carmelita. Los espacios restantes del complejo arquitectónico fueron sellados para que se pueda desarrollar la vida claustral de las monjas que lo habitan en la actualidad.

La propuesta:

Ubicación. -
La propuesta se centra en la condición de límite y puerta que marca la separación entre dos espacios diferentes. Por ello se ubica en el límite de la plaza con una proporción lineal de 10m x 4m que, junto a la plaza sirven de vestíbulo al convento. Se elige también el arco de medio punto como el elemento más representativo del lugar, presente, sobre todo, en la gran puerta urbana que es el “Arco de la Reina”.

Estructura. -
Arcos y bóvedas se encuentran en el entorno inmediato como parte de la arquitectura colonial que rodea a la propuesta. Cinco bóvedas pretenden elevarse del piso como si flotaran. Por ello, la elección de una estructura que ocupe la menor área de puntos de apoyo con sus columnas y soporte las bóvedas con tensores que cuelguen de la estructura de vigas de madera que vuelan desde el centro del pabellón. Un gran tallo que se levanta del centro y soporta las vigas de donde cuelgan las bóvedas. Cada una de las 4 columnas se sujeta en el cruce de vigas metálicas que generan la malla estructural que cubre el área del piso.
Suelo. -
La intención es que las bóvedas se eleven livianas por sobre los usuarios, de ahí su material translúcido que recuerda el delicado material de las obleas consagradas como hostias que por muchos años fueron trabajadas por las Carmelitas Descalzas. Estas mismas hostias inspiran el tratamiento del piso en el que se dibujan círculos blancos de hormigón que, como hostias, se riegan en todo el piso del pabellón, malla de círculos que, en los intersticios que los separan se coloca una malla metálica que permite que, cuando llueva, el agua se escurra y, así mismo, pueda iluminarse levemente desde el suelo. En ese suelo permeable, las “hostias” de hormigón se inflan un poco para que al caminar su presencia se sienta en cada paso que se dé. Pasos que sugieren tomar impulso hacia arriba por la hinchazón de las “hostias”, además de rememorar la sensación e importancia que significó el dejar los zapatos por las sandalias para la Orden de las Carmelitas Descalzas como símbolo propio de sus reglas votivas.


Actividad. -
El piso que insinúa levantar al caminante a cada paso, le permite alcanzar una campana que cuelga de las vigas de la estructura. El visitante puede hacer sonar la campana a su gusto y, al hacerlo, encenderá una de las bóvedas con luces LED que cambiarán de color en cada campanada. Cuatro de las cinco bóvedas translúcidas se iluminarán con diferentes colores activados por cuatro campanas accesibles a los visitantes. El sonido aleatorio de campanas activadas por diferentes visitantes formará parte de la experiencia del pabellón y recordará a los sonidos urbanos que dominaban la ciudad colonial, pero, sobre todo, rememorará a las campanas utilizadas por las monjas Carmelitas para comunicarse dentro de los espacios conventuales.
Envolvente. -
El sonido se vuelve parte fundamental de la experiencia del pabellón, por lo que, salir o ingresar lateralmente del mismo activará sonidos producidos por el contacto del cuerpo al atravesar una cortina de tubos metálicos que cuelgan, también, de las vigas de madera de la estructura.
Mobiliario. -
Finalmente, cuatro cilindros que sirven como asientos se ubican en cuatro de los círculos de hormigón del piso. Estos asientos pueden ser reubicados a cualquiera de los otros círculos existentes en la malla del piso, pues, su diseño permite que la base del asiento encaje con el círculo hinchado del piso.



El pabellón así se convierte en un espacio de transición y paso antes que en un lugar de estar. Es un umbral sonoro y luminoso que nos indica la separación de dos ámbitos diferentes. El pabellón se subordina al entorno y simplemente trata de resaltarlo, pues, marca una pausa al ingresar, para desde ahí detenernos y mostrarnos la iglesia, el convento o el Arco de la Reina. Un pabellón que es sólo puerta, un umbral que resalta el entramado urbano y colonial de espacios compartimentados cuyos límites se abrían o difuminaban con los distintos ritos de paso de las monjas Carmelitas.




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